Sobre este episodio
Hay un hombre al que esta famosa palabrita: Frontera -tan cara al sentimiento riverense- le fue poniendo bolsas de cemento sobre sus hombros. Deuda dicen que se llama. Que puede ser una obligación formal. O de honor. Que puede pagarse "como se pueda, total hay tiempo..." O perseguirse con pasión. Y que cuando se alcanza, se diga:"Ya está" O explote en llanto incontrolable porque -al fin- la deuda ha sido saldada. José Sandín, es ese hombre, que tiene noches oscuras y de las otras y amaneceres sin sol, pero cuando volvió a caminar las calles de la Cuaró que lo vieron nacer, un club -un sentimiento- lo cobijó sin importarle nada. Le abrió los brazos al dirigente. Le extendió la mano al hombre que tenía que recuperarse. Y entonces, como él le gustaría confesarse: Frontera me abrazó y me dio calor. Y esa deuda sólo podría pagarse con un solo cheque: el del soñado vivir. Y hoy que vive lo buscamos para que nos cuente su experiencia, porque lo demás ya se sabe: los brazos que lo cobijaron tiene colores rojo y amarillo, y ya ninguna deuda por cobrar... Sólo conduce su vida y de la única forma que pueda devolver todo el afecto que le dieron sin pedir nada a cambio.